Contenedores de todos: Úsalos, no los quemes

Las imágenes que vemos esporádicamente en barrios y pedanías de Cartagena a
lo largo del año —pero especialmente durante la noche de San Juan— de
contenedores de reciclaje ardiendo representan, además de un flagrante acto de
vandalismo, un alto coste para las arcas públicas (es decir, para el bolsillo de
todos).

Diversas agencias ambientales llevan años alertando de la grave contaminación
que provoca la quema incontrolada de basura y plásticos. Este proceso genera la
emisión de sustancias altamente tóxicas, incluyendo compuestos organoclorados
catalogados como carcinógenos, tales como el hexaclorobenceno, los furanos y
las peligrosas dioxinas.

Estas últimas son, de hecho, las sustancias más tóxicas para el organismo de
cuantas liberamos al entorno de forma residual. Incluso en proporciones
minúsculas, su relación directa con enfermedades graves (incluidos determinados
tipos de cáncer) las hace extremadamente peligrosas. Al arder un contenedor,
estos elementos se liberan directamente a la atmósfera urbana; es decir, al aire
que respiramos todos, incluidos quienes provocan el fuego. Por ello, más allá del
vandalismo material, nos enfrentamos a un problema de salud pública y de
calidad ambiental de primer orden.

Se estima que la quema anual de contenedores en nuestro municipio oscila entre
las 180 y 190 unidades. Esto supone para el Ayuntamiento un gasto aproximado
de 110.000 € (sin IVA), una factura que pagamos entre todos los ciudadanos. A
este perjuicio económico directo se le deben sumar, además, los daños
colaterales que el fuego produce en el asfalto, las aceras, el arbolado, el mobiliario urbano y, en muchos casos, en los vehículos particulares aparcados en
la vía pública.

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